TORREON ESQUINACamino a la oficina desde hace años me sorprende esta esquina en Calle Dieciocho con Rosales, a metros del Palacio Cousiño. Es curioso ver un edificio que, al parecer sin mucha atención y cuidado, se mantenga en condiciones aceptables. Tampoco es frecuente ver que se mantengan en su lugar balaustres, cornisas, pilastras, hojalaterías, etc. En esta esquina se producen leves desfases de líneas de edificación y ejes de calles que dan al gran torreón de esquina de éste edificio un protagonismo inevitable. Ya sea aproximándose desde el sur por Diceciocho, del oriente o poniente por Rosales, la presencia sólida del torreón es absoluta. Y al color natural del revoque exterior, se hace más sólido y grave en su actitud. Los dorados del atardecer encienden además el óxido de la cubierta del torreón y los muros como un amargo café a contraluz.
El edificio en si es un cuerpo simple con un paralelepípedo fuerte en la esquina, coronado por una cúpula mansarda que parece un farol. O mejor dicho es un torreón acompañado en sus líneas sólidas, cúbicas, rectas, por la masa disciplinada del resto del cuerpo. El zócalo es bajo, por lo que las ventanas están al alcance del peatón, lo que creo suaviza la imagen marcial del conjunto. Y el torreón tiene 2 pisos como el resto del edificio, quedando una porción sólida importante sobre el dintel de segundo piso hasta la cornisa superior, lo que aumenta la sensación de peso o gravidez del cuerpo principal con una cierta tensión. Un peso no solo descansa rotundamente sobre el piso, sino que en alguna medida también pende sobre la calle.
No imagino que reservará el destino a este edificio magnífico. Comprando una bebida en uno de los almacenes del 1er piso se aprecia un interior aun conservado. Puede ser que renazca de la mano de alguna institución que lo aprecie, o desaparezca en el limbo de los inmuebles de "interés". Aunque lo rescate una mano sabia, vale la pena que le respeten esa actitud grave y sólida, sus colores y revoques áridos. No vaya a ser que tratando de darle una manito de gato, de darle colores "vivos", lo conviertan en una torta, como ocurre a veces con los edificios con historia.
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